Seguro que has escuchado alguna vez la frase: “Que no te la den con queso”. Parece una ocurrencia de antaño, una frase hecha donde el objeto directo podría haber sido cualquier otra cosa. Pues nada más lejos de la realidad; tiene una historia fascinante muy ligada a lo que conocemos como “la picaresca”.
¿De dónde viene esta expresión: Que no te la den con queso?
Se dice que era una práctica común hace siglos. Cuando un mayorista visitaba a un bodeguero para comprar vino, este último solía ofrecerle queso durante la cata. Pero no era por cortesía, sino por pura estrategia.
Como bien sabemos, no todo el vino sale bueno (ni todo el monte es orégano). El bodeguero, interesado en dar salida a sus barricas de menor calidad, ideó esta argucia: el fuerte sabor y la grasa del queso enmascaraban los defectos del vino, haciendo que un caldo mediocre pareciese un gran reserva. Podemos imaginar al comprador llegando a casa convencido de su gran negocio, solo para que un socio, al probar el vino solo, le soltara el famoso: “Ya te la han dado con queso”.

La explicación científica ¿Por qué funcionaba el engaño? Hay razones químicas que hoy conocemos bien:
- Grasas y taninos: La grasa del queso suaviza los taninos del vino tinto (esos que nos dejan la boca seca o astringente), haciendo que parezca más amable y frutal.
- Ácido láctico: Equilibra la acidez del vino, creando una sensación en boca más redonda y agradable.
- Sal: Potencia los sabores. Un queso salado intensifica las notas frutales de un vino que, quizás, no las tiene tan presentes.
¿Entonces, es mala idea combinar queso y vino?
¡Todo lo contrario! El maridaje de quesos y vinos es un arte que eleva la gastronomía. Pero hay una regla de oro: si quieres evaluar la calidad real de un vino, pruébalo siempre antes que el queso.
En Txindoki Taberna nos apasiona buscar el maridaje perfecto. Por eso, en nuestro «Queso del Mes», os sugerimos el vino ideal para que ambos brillen por igual. Aquí no te la damos con queso; aquí te lo damos para que disfrutes al máximo.
